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Muchas personas sufren por conductas que no pueden controlar y luchan desaforadamente por un cambio. Su deseo es no volver a "fallar", y las consecuencias de esas conductas son inevitables. Además, los dedos acusadores de otros que no pueden entender (ni saben por qué se originan esas conductas) son implacables. El sufrimiento por la impotencia es inigualable, pero; para sobrevivir es necesario poner "mascaras". Con ellas pueden ser vistos, como desean ser vistos (temporalmente) pero, luego cuando no tienen "público", vuelven a ser los mismos, las amarguras y las tristezas  vuelven a ser la esencia de aquellas personas.
 
Pero es necesario encontrar el origen de las conductas, pues después de emitida una conducta solo debemos esperar una consecuencia agradable o desagradable, con las respectivas emociones que las acompañan. El luchar contra una conducta es como quitar todas las telarañas de una casa sin matar la araña. Rom.1: 28 explica la asociación que existe entre la mente y la conducta  "Como ellos no quisieron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada (depravada), para hacer cosas que no convienen. "...y....si se tiene una mente aprobada... ¿qué cosas se hacen?...las que convienen, las que se deben....es claro que si quiero modificar una conducta debo hacerlo en su origen, en la mente. Si yo tengo una mente aprobada, hago cosas aprobadas y si tengo una mente reprobada, hago cosas reprobadas. Entonces, ¿Qué debo hacer?
 
Debemos comenzar a trabajar en nuestras mentes, según Rom.12: 2  "No os conforméis a este mundo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.” ¿Quieres comenzar a disfrutar las cosas que Dios tiene para ti? ¿Quieres comenzar a disfrutar la buena voluntad de Dios para tu vida, tu familia, tu economía, tu trabajo, etc.? Entonces...a edificar en tu mente para ser transformado; no hay tiempo que perder.

Tú vas en tu automóvil y de repente en el tablero de controles se enciende una luz  que titila en un indicador que tiene un tanque dibujado. ¿Qué sucede?, pues, se está acabando la gasolina... ¿Qué debes hacer?... ¿tanquear o apagar la luz?...pues si el problema es la falta de gasolina debemos tanquear  y la consecuencia será que el indicador (la luz) se apague.  Al igual que la luz, la conducta es apenas un indicador de un problema, por eso buscar atacarla no soluciona el problema. Si desconectas el indicador (la luz) el problema no está solucionado, porque aún no hay gasolina. Lo única forma de continuar avanzando es tanquear el carro. El desconectar el indicador  apenas haría que se detuviera el carro o que nos detuviéramos en la solución al problema. La solución real es tanquear y el carro va a continuar su marcha. Así mismo, la solución al problema debe ser en su origen, no en atacar la conducta; no en atacar el indicador. Después de la conducta viene una consecuencia, si la conducta es adecuada, la consecuencia será agradable, pero; si es inadecuada, la consecuencia será desagradable.

En 2 Co. 10: 3-5, “ Aunque andamos en la carne, no militamos según la carne, porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo” Pablo habla de lo que son unas fortalezas, haciendo un paralelo entre lo que sucede en la mente de las personas y lo que eran las fortalezas de la época. Es por ello que Pablo se refiere a algo denominado las fortalezas en la mente o fortalezas mentales; y como vimos en Rom.1: 28, ellas producen conductas. Si un sujeto, tiene una fortaleza mental adictiva, ¿que conductas emitirá?..., pues conductas adictivas (consumo, robo, mentiras, manipulaciones, etc.); y, si tiene una fortaleza mental de inseguridad, ¿que conductas emitirá?, pues conductas de inseguridad. Probablemente este sujeto no le hable fácilmente a una mujer, o en una entrevista de trabajo sea una mala experiencia, puede que no mire a los ojos, su tono de voz sea variable, manos sudorosas al saludar al entrevistador, o en una situación difícil tome decisiones temerosas.

En Jer. 23:29, Dios nos da la herramienta clave para la destrucción de esas fortalezas en la mente y la herramienta de edificación de nuevas fortalezas. “¿No es mi palabra como fuego, dice Jehová, y como martillo que quebranta la piedra?”... ¿Cómo fuego? Si, el fuego quema y cambia absolutamente a su víctima si no se saca de su contacto. La palabra de Dios cambia a cualquier persona si no se le saca de su contacto. No importa como sea una persona o como haya sido. ¿Martillo?...Una casa está hecha con bloque y ladrillo (para nuestra cultura), un edificio también…y una fortaleza creo que tendría estos materiales. Pero para destruirla necesito, no un martillo para clavar puntillas, no un “porro”…de pronto una retroexcavadora. En la época de el apóstol Pablo las fortalezas eran muy altas y gruesas compuestas por rocas muy grandes una sobre y al lado de otra. Estas fortalezas eran la protección del pueblo a cualquier deseo de invasión de otro  pueblo. Eran tales las fortalezas que aún habían allí apartamentos. En esa época a cambio de martillo se utilizaban catapultas para destruir esas fortalezas. La palabra de Dios es un martillo con mayor poder que todas las catapultas juntas, para la destrucción de  las fortalezas mentales que se levantan contra el conocimiento de Dios y sus verdades de libertad.


 

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